Pitufo gruñón trabaja en mi oficina: crónica de un día trabajo

Grunon

Yo pensaba que pitufo gruñón era un mito, pero una vez me lo encontré en la oficina y ahora soy una believer total. Después de días de sufrimiento en silencio, he decidido a escribir la breve crónica de un día de trabajo junto a este gran personaje estereotipado.

Para empezar, el señor gruñón no es un empleado cualquiera, es un supervisor o un jefe, porque los empleados corrientes como secretarias, administradores, etc., sólo pueden quejarse un momento, en cambio los jefes pueden darle todo el día a la misma cantaleta a voz en cuello, sin que nadie los mande a callar. Así me sucedió hoy cuando llegué a la oficina y me esperaba un ambiente  cargadito de buen rollo: rostros de aburrimiento, gente con los audífonos a tope para no escuchar nada, gente fingiendo estar muy concentrados para que el jefe no les pidiera una réplica y hasta gente en la sala de reuniones sin motivo, sólo para esquivar las múltiples quejas en voz alta. En la última hora las quejas fueron las siguientes:

  • Primera queja del día: el aire acondicionado cuesta mucho. Hay que subir la temperatura del aire! – Pero si está a 25 grados! Pues subidla a 27.
  • Segunda queja del día: Quién ha llamado a un 902!  Yo nunca antes había llamado a un 902, quién hace estas llamadas? ¡Quiero saber qué teléfono es este!
  • Tercera queja del día: El ayuntamiento no nos paga todavía (esta es justificada pues la empresa debe pagar el IVA de lo que no ha cobrado ¡por adelantado!) ¡Ostras, esto es la reostia!
  • Cuarta queja del día: Ya se colgó mi ordenador (ordenador viejo, pero es que él no sabe utilizar ninguno, ni nuevo ni viejo y sólo ve su correo electrónico en el ordenador). Yo no he hecho nada, estos aparatos no sirven más que para perder el tiempo.
  • Quinta queja del día: Esta impresora no imprime bien. (Las impresiones están por defecto en impresión rápida, sólo hace falta cambiar la configuración, pero como dije anteriormente no se entera mucho de estas cosas). No hace falta imprimir nada si sale tan mal. ¡Es una mierda!
  • Sexta queja: Quedarse sordo. Me estoy quedando sordo y me han dicho que debería usar audífono en el oído, lo que quieren es sacarme dinero.
  • Séptima queja del día: El agua de la oficina es una porquería. No sé por qué pagamos para que nos traigan esta agua, deberíamos beber del grifo que es igual de mala, pero no cuesta.
  • Octava queja del día: Ya es tarde (es la 1pm) y no ha hecho nada. Ya se va porque sólo hace 4 horas al día por la mañana.

Cuando salió de la oficina, todos volvimos a trabajar tranquilamente, volvimos a ser productivos y el ambiente se relajó lo suficiente para que verdad estuviéramos concentrados en lo que hacíamos.

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